El gallo, como todos los días, cantó al alba y, como todos los días, me despertó. La mañana me pareció plácida. El canto del gallo —como para los egipcios la pelota del escarabajo—, anuncia la regeneración constante de la vida: el cansancio y el esfuerzo de vencer un día más la era de la globalización. No sé bien por qué, pero el vocablo bodoque, como el estribillo de una pegadiza canción, invadió mi pensamiento durante el tiempo que el cuerpo tardó en tonificarse para poder hacer el café, y medité sobre él.
La primera acepción que me vino a la cabeza fue relativa a las personas de corto alcance y pensé en Aznar, en Bush y en Moubarak entre otros. Me estoy complicando la vida —me dije—.
Di otro sorbo a la taza de café y cambié el chip. El esfuerzo fue estéril, me vino a la memoria una segunda acepción: relieve que limita parte de la tela que soporta el bordado y que, más tarde, se suele suprimir por lo inútil que resulta para el realce del bordado global.
Cuando más abstraído estaba, recordé un refrán: “Lo que lía un tonto, no lo deslía un listo”.
Aznar bordó sus bodoques, claro está que ridículos y de menor enjundia que los de Bush, entre muchos: el Prestige en Galicia, la guerra del Perejil con Marruecos y ahora las manifestaciones sobre la ruina de España; sin olvidar los españoles muertos en la cruenta guerra de Irak donde nos embarcó sin los consensos necesarios.
Por tanto, nos toca aguantar lo que lían y esperar: los occidentales, un nuevo canto del gallo y los de oriente, una nueva pelota del escarabajo que nos aliente a acopiar más paciencia y más resignación para soportar otro día de globalización bodoquizadora.
Por otro lado, ya hay gente que va entendiendo que los listos no podrán desliar tanto bodoque del bordado y, sin esperar el canto el gallo o la pelota del escarabajo, saltan el cerco de los bodoques que la política teje en el arabesco de encontrados colores que esla Humanidad. Ya en el norte de África lo intentan a pesar de perder la vida que en el interior de los bodoques que zurcen algunos políticos resulta insoportable.
Cuando terminé la taza de café había centrado la definición en las dos acepciones del vocablo que me preocupó en la mañana:
Por otro lado, ya hay gente que va entendiendo que los listos no podrán desliar tanto bodoque del bordado y, sin esperar el canto el gallo o la pelota del escarabajo, saltan el cerco de los bodoques que la política teje en el arabesco de encontrados colores que es
Cuando terminé la taza de café había centrado la definición en las dos acepciones del vocablo que me preocupó en la mañana:
a) Persona que, por falta de entendimiento, trata con crueldad a sus semejantes con una intensidad proporcional al poder que detenta.
b) Cerca material o psicológica que se zurce con la aguja de la política sobre parte del tejido social porque, de alguna manera, estorba a la estética de la globalización financiera puesta en marcha.
Y me parece que el Señor Aznar pisa los dos charcos: trata con crueldad política a sus conciudadanos y le sobra la tela de una España democrática en el bodoque de su bordado político; y ello, en aras de incrementar su patrimonio. Judas.

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